Select a language

8 de mayo de 2012

EL MARXISMO DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA


Estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros. Esto, o algo parecido, es una de la boutades de Groucho Marx que más éxito tuvieron por su cinismo, por la reducción al absurdo de la realidad de una sociedad que pasa del relativismo moral a la amoralidad pura y dura.

En el reseco e inhóspito campo de la política nos hemos tenido que tragar esa falta de principios porque eso es lo que hay. Podemos escuchar a alguien decir que no va a hacer algo que hará a dos meses vista o afirmar que la puñalada trapera que nos está dando es por nuestro bien y un mejor futuro para nuestros hijos y, sin despeinarnos demasiado, poner una mueca resignada de desprecio por eso, porque son políticos. Tienen unos principios para cada circunstancia (que les convenga a ellos).

Pero, por favor, la Historia que no me la toquen. Recordamos que hace unos meses se organizó un escándalo porque en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia aparecía una biografía de Franco, firmada por el medievalista Luis Suárez, en que se afirmaba que el régimen franquista no fue totalitario sino autoritario y que el general Franco no era, en definitiva, un dictador. La imagen que nos dio la Academia en esos momentos es que era una covachuela residual de la historiografía fascista. Hasta tal punto fue así que el Parlamento le cortó el chorro de los dineros públicos con que se financiaba el Diccionario mientras no se corrigiesen esa y otras tamañas barbaridades.

No se han corregido. Ahora resulta que los poco ilustres académicos nos han salido marxistas… de los de Groucho. Pues si no les gusta esta Historia, tenemos otra. En vez de corregir la barbaridad, lo que harán es sacar otro tomo anexo con otras biografías de Franco y de otros personajes similares y así, que cada lector elija la que quisiere. Y eso, es una barbaridad mayor aún, si cabe.

La historia es una y lo que pasó, pasó. No existen historias alternativas según nuestros gustos o principios. Cierto es que se puede acceder a ella desde múltiples puntos de vista: sociales, economicistas, formalistas, psicológicos, deterministas… como queramos. Puede haber tantos puntos de vista como historiadores o escuelas de historiadores; pero siempre, siempre sobre un mismo hecho central que está ahí y no se puede cambiar. En el 36 hubo un levantamiento militar que llevó a una guerra civil. Podemos decir que fue necesario para evitar una dictadura comunista, que fue un atentado contra el pueblo español, que fue propiciado por la banca la Iglesia y los terratenientes o que fue la rebelión de una España sana frente al cáncer marxista… Por ahí andan los Vidal y los Moa para decir lo que les venga en gana. Pero hubo un levantamiento militar y eso no hay quien lo mueva de la Historia.

Y Franco fue un dictador. Por la gracia de Dios y hombre providencial o criminal de guerra y genocida; que cada cual aporte sus pruebas. Pero fue un dictador; no existe una historia alternativa en otras coordenadas de universos paralelos que nos diga que fue un padre severo o una hermanita de la caridad disfrazada de caudillo calvo y barrigoncete. Si no nos gusta esta Historia, lo sentimos, no hay otra.

Pueden aducirme que eso de montarse historias paralelas ocurre hasta en los libros de texto de la ESO. No les digo yo que no. Desgraciadamente es así, mas eso no puede ocurrir con una institución como la Real Academia de la Historia cuya obligación es ser el referente de limpieza y esplendor para los historiadores como la de la Lengua lo es para escritores y lingüistas. En ella no cabe el marxismo de Groucho porque no nos parece una boutade. Nos parece una bajeza moral.


No hay comentarios: