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20 de marzo de 2012

LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ... CÁDIZ

La Constitución de 1.812 que abre las puertas de España a la modernidad liberal nacida de las Revolución Francesa, la conocemos habitualmente en la historia como la Constitución de Cádiz, por haberse proclamado en esa ciudad el 19 de Marzo de 1812, aunque los trabajos de su laboriosa confección se iniciaron en la Isla de León, hoy San Fernando, dos años antes.

Pocos nombres están tan bien puestos como ese de Constitución de Cádiz porque el documento tiene componentes profundamente gaditanos, que hubiesen sido imposibles en otras circunstancias. ¿Cuáles las específicas del momento? Pues el sitio al que estuvo sometida la ciudad por las tropas napoleónicas durante todo el periodo de 1.810-1.812. Recordemos que los franceses tenían cortado por tierra todo acceso a la ciudad; el Puente Zuazo, que une la Isla con el continente estaba controlado por ellos -previamente había sido volado por las tropas españolas- y a su vez, San Fernando y Cádiz están unidos únicamente por el finísimo istmo de Cortadura que llega hasta las Puertas de Tierra que cierran las murallas gaditanas. Al otro lado de la Bahía, las baterías francesas, instaladas entre el Puerto de Santa María y Puerto Real, machacaban diariamente ambas ciudades, bombardeos aún hoy recordados por la letrilla un puntito chulesca de “con las bombas que tiran los fanfarrones….”. Es decir a Cádiz no se podía acceder más que por mar y ello gracias a que el control de las aguas estaba en manos de la flota inglesa como consecuencia de Trafalgar.

Visto lo visto, en el momento de la convocatoria de Cortes era misión casi imposible  que los representantes de las diversas Juntas del resto de España pudiesen llegar a San Fernando o a Cádiz. Esos puestos vacantes fueron ocupados principalmente por miembros notables de la burguesía gaditana como dignos sustitutos,  lo que tuvo una importancia decisiva en el carácter liberal de la Constitución.

La razón de lo que acabo de afirmar es sencilla. En la España atrasada, semifeudal e inquisitorial de finales del siglo XVIII, la única ciudad abierta a los nuevos aires políticos e ideológicos finiseculares, era Cádiz. Su puerto era puerta de entrada y salida de las Américas, las mismas que estaban en estado de ebullición desde la revolución que supuso la independencia de los Estados Unidos. Los barcos de los armadores gaditanos llegaban también a Francia, Inglaterra y el resto de Europa. Libros e ideas que en los Pirineos chocaban con el cerrojo de la Inquisición y la censura estatal se colaban por los muelles gaditanos y sentaban sus reales en las tertulias de calle Ancha o del Mentidero.

Algunas de esas tertulias fueron los fogones donde se cocinaron los principios más radicales doceañistas.  Se me viene al recuerdo por ejemplo la de doña Paquita (Frasquita para los amigos) Larrea, esposa del cónsul suizo en Cádiz, don Juan Nicolás Bhöl de de Faber, padres que fueron de Cecilia conocida en la historia de la literatura como Fernán Caballero. Allí, en su magnífica casa junto a Plaza Mina, se reunían señores como Argüelles, Lequerica, Torrero y tantos más auténticos padres de la Carta Magna. Y esa tertulia era una de tantas.

Llama la atención que el Cádiz de la época tenía más teatros que Madrid y Barcelona juntos, incluído uno de ópera. Sus librerías eran negocios florecientes y no era difícil encontrar periódicos franceses. Todo ello hacía que la burguesía gaditana fuese la más culta y liberal de España de la época. Y ahí es donde quería llegar: esos caballeros que vivían del comercio, que conocían de primera mano las ideas revolucionarias europeas y americanas, que eran profundamente liberales, fueron los que trabajaron en el nacimiento de la nueva Constitución al ser mayoría en las Cortes como sustitutos de los representantes del resto de la Nación ocupada por los franceses. Fueron ellos, quizás por su propia conveniencia de negociantes, los que rompieron con las ataduras semifeudales del Antiguo Régimen y quisieron abrir puertas y ventanas a la contemporaneidad.

Por eso las Constitución de 1812 es la Constitución de Cádiz o, mejor dicho, de Cái.

Una recomendación de amigo. Es imprescindible la lectura del magnífico libro de don Benito Pérez Galdós: Cádiz

Foto: monumento a la Constitución de 1.812 en la Plaza de España. Cádiz. Realizada por el autor.